Desde 1982, nuestra Historia

Todos los esfuerzos que venimos realizando a lo largo de los 25 años de vida de nuestra Cooperativa han sido y serán en el futuro por enseñar a unos niños y niñas que dentro de algunos años serán hombres y mujeres que representarán en su vida un reflejo de lo que nosotros les hemos podido enseñar hoy.

Transcurría el año 1982, la situación política en España barruntaba un cambio radical en la manera de ver el país: sus costumbres, sus formas de actuar en los más variados temas, todo “amenazaba” con un cambio. Uno de estos cambios más sobresalientes (o al menos, así parecía en el círculo donde nos movíamos) era el de la Educación, un futuro e hipotético cambio político que traería unas costumbres totalmente nuevas, una manera de hacer las cosas que cambiaría radicalmente muchos conceptos.

 Hasta entonces, muchos colegios privados habían sobrevivido a base de subvenciones que la Administración les entregaba para sufragar parte de las necesidades de los Centros Escolares. Se decía que a muchos de ellos se le recortarían drásticamente estas subvenciones, si no alcanzaban los niveles necesarios, tanto en materiales e instalaciones  como a nivel profesional.  Nuestro Colegio tenía muchos años de vida. Eso sí desde aquella enseñanza primaria hasta la enseñanza de la EGB. este Colegio siempre se había adaptado a las circunstancias. Desde aquel pequeño piso de la Barriada de Mª Auxiliadora por aquellos años se había pasado a un edificio totalmente independiente en la misma zona. Siempre había sabido adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos, de los nuevos tipos de Educación que habían ido surgiendo, pero el cambio radical que se esperaba con una nueva situación política hacía temblar los cimientos del país entero y como no los del Colegio San Juan Bosco también.

Pero la necesidad obliga.

La mayoría de los jóvenes profesionales que trabajaban en aquel año en el Colegio San Juan Bosco tenían la necesidad de buscar su futuro con uñas y dientes. Tenían la suerte de trabajar en la profesión que habían escogido, pero veían que sus condiciones de trabajo presente (1982) no eran excesivamente agradables y que su futuro era muy poco halagüeño. Se encontraban entre la espada y la pared.

Transcurría abril-mayo de 1982 cuando las primeras conversaciones clandestinas comenzaron. Se oía hablar de cooperativa, de formar una sociedad entre todos los profesores del Centro. Unos, los más lanzados, veían poco futuro en aquel lugar si no se cambiaba radicalmente la manera de hacer las cosas, se pensaba que las nuevas condiciones que estaban por llegar “tumbarían” la realidad escolar del Colegio, o al menos la harían tambalear. Se veían en la cuerda floja.

Seis de aquellos siete profesores contratados dijeron “sí” a la formación de una Cooperativa, una sociedad que se iba a proponer, ni más ni menos, que comprar el Colegio San Juan Bosco, la joya de una familia que con una maestra a la cabeza llevaba veinte años impartiendo su sabiduría en su propia escuela. Empresa difícil, aunque en aquellos momentos ¿por qué no? podía ser realizable. Pocos miembros para una futura cooperativa. Sólo seis profesores de aquel claustro de abril-mayo de 1982 estaban dispuestos a mirar al futuro cara a cara. Faltaba personal, porque se debían mantener al menos, todas las unidades subvencionadas de EGB.. Un profesor o maestro en práctica, como se quiera, estaban por aquellos días en su Colegio de siempre, es decir. uno que estuvo en el lugar apropiado en el momento oportuno, uno que, aunque soltero, veía un futuro de oposiciones y más oposiciones, o sea bastante negro.

La idea estaba en marcha. Las idas y venidas eran continuas. Había que formar una cooperativa, pero ¿cómo se hacía eso?. La mayoría de nosotros, por no decir, todos, la verdad, no estábamos muy puestos en el tema.

El verano del ‘82 ya nos había alcanzado. Las correrías a Badajoz y a Cáceres, centros de poder de aquella época, fueron constantes. Las reuniones semiclandestinas en los locales del Liceo  eran continuas. Muchas cosas había que decidir. Muchas de ellas no dependían de nuestra voluntad, sino de la de otros que no estaban muy dispuestos a subirse al carro de nuestros deseos. Como casi siempre que hay problemas, el dinero estaba presente. Las autoridades financieras nos decían “sí, pero ...”. Las autoridades políticas nos palmeaban la espalda, pero nada más. Los dueños del Colegio, remisos al principio, se expresaban siempre con un “cuánto”. Mientras tanto, nosotros, sin un duro, pero con una gran dosis de moral y de esperanza.

Por fin, una autoridad financiera, la CAJA DE AHORROS DE BADAJOZ, dijo “sí”. Un “sí” con muchas trabas. Un “sí” que lo dejaba todo atado y bien atado alrededor de nuestro cuello y el de nuestras familias: hipotecaríamos algo que aún no era nuestro y una buena parte de las rentas familiares, pero nosotros seguíamos viendo el futuro claramente. Las autoridades políticas no veían nuestro futuro con claridad; yo diría que no veían, incluso, su propio futuro. Fueron bienhechores de palabra que lo único bueno que hicieron fue permitir que, al menos, mantuviéramos una exigua respiración asistida: una subvención de un 75% del total de los gastos que ocasionaba el Centro. Poco, muy poco, para lo que verdaderamente necesitábamos. Ya entonces, habían comenzado las negociaciones con los dueños del Centro. Luchaban a brazo partido para mantener “su joya” en su poder, pero las perspectivas de un futuro político indeciso, poco esperanzador, les hizo dar, en un principio, un “sí” a la compraventa.

De cualquier manera, aún seguía faltando un/a nuevo/a profesor/a.

Fue y es profesora. Ya éramos ocho (8). Ocho buscando una quimera. Ocho adelantados del futuro.

El Sol se abría paso entre las nubes. El curso 1982/83 estaba a punto de comenzar. Las prisas eran muchas. Todo estaba casi hecho. La firma era inminente. El sueño podía hacerse realidad. Y así ocurrió, un precontrato de compraventa se firmó. Las autoridades financieras dieron el visto bueno a la operación y el dinero estaba en marcha. El montón de millones, el futuo hipotecado de todos se iba a hacer realidad. Pero el destino aún seguía siendo incierto. Los dueños del Centro no estaban dispuestos a dejar “su joya” en manos de nadie, al menos, no dejarla toda. En último momento, se echaron atrás y decidieron que ellos también podían formar una especie de cooperativa a su forma y manera; ellos se quedarían con el 51% y los demás pondrían el resto. Todos a una como Fuenteovejuna.

Nunca hemos estado tan unidos como entonces. Una gran discusión se produjo en el vestíbulo del Centro con el nuevo curso a punto de comenzar. Nosotros no queríamos participar en aquel simulacro de asociación. Todos estábamos decididos a coger el toro por lo cuernos y seguir hasta alcanzar nuestro sueño. Mientras tanto, las clases ya habían comenzado. Continuos tiras y aflojas se sucedieron durante los días siguientes. Los que no pertenecíamos a la plantilla tuvimos que salir del Centro. El cielo se nos venía encima. Las ilusiones de todos aquellos meses amenazaban con terminar en un fracaso descomunal. Nuestras mentes se convirtieron en un maremagno de ideas inconcretas. Cada uno de nosotros vislumbraba un futuro particular y el colectivo cada vez más negro, pero ... una luz aún se podía ver encendida en aquel túnel de la desesperanza. Teníamos que luchar hasta las últimas consecuencias. La firma de un precontrato fue providencial. Todo lo que vino después, tanto lo malo como lo bueno, se lo debemos a ella. Lo malo, porque los adversarios vieron que se podía convertir aquel nuestro sueño en una buena realidad que ellos no aprovecharían; lo bueno, porque gracias a ella no sólo conseguimos el montón de millones, sino que aquel futuro hipotecado se convirtió en nuestro salvavidas.

El 28 de octubre de 1982, firmamos la compraventa definitiva. Firmamos nuestro presente. Conseguimos nuestro sueño de trabajar en lo que queríamos para nosotros mismos.

Visto con el transcurrir de los años, faltaría a la verdad si dijera que es la Gloria en la Tierra, pero qué es la vida sin un poco de salsa picante, sin una discusión de vez en cuando.  

FÉLIX, uno más